Pamela o la “prueba madre” de la prensa ecuatoriana

Por Orlando Pérez

Urgidos como están por acomodar a sus candidatos en la papeleta electoral, donde no conste Rafael Correa, la prensa ecuatoriana hizo de los “cuadernos de Pamela Martínez” su eje editorial, sin contrastar, verificar ni mucho menos contextualizar. Claro, a nadie debe sorprender su comportamiento. Esta prensa no hace periodismo, eso ya está más claro ahora.

Leer los editoriales, comentarios e hipótesis de los medios de la derecha y los públicos bajo el control de la Secretaría de Comunicación prueba, una vez más, lo que ya dicen las encuestas y la valoración de los entendidos: hacen el peor y más triste papel de la historia de un oficio que añora unos pocos gramos de sensatez para evitar la condena pública.

Si hubiese un mínimo de contrastación y auto crítica los “excelsos periodistas” del Ecuador habrían considerado al menos dos elementos antes de postular una supuesta revelación que ya tiene tintes de un ‘argentinismo’ sin vergüenza alguna. (Un argentinismo macrista, por supuesto)

Antes quiero decir algo que vale la pena para fuera y dentro del Ecuador: conocí a Pamela por su procaz insistencia de ser una figura pública y mediática a toda costa, sus llamadas para tener una columna en el diario El Telégrafo, que lo dirigí entre 2011 y 2017, y sus constantes delirios de convertirse en una “influencer”, junto a su esposo, nunca sola, denotaban una codicia sin un asiento en una fortaleza intelectual o un plan proselitista conceptual o programático, del lado del movimiento Alianza PAIS, del ex presidente Rafael Correa. Sus llamadas tomándose el nombre del líder que ahora reside en Bruselas no tuvieron eco porque tuve la prudencia de averiguar si efectivamente contaban con su anuencia. Y cuando llegó a la Corte Constitucional y su esposo ya había creado un movimiento político cuadraba en mi mente el sentido de su devenir y su razón de ser en la política ecuatoriana. Luego, con la noticia de su detención aparecieron algunas evidencias que prueban mucho más que todo lo que hizo fue para su provecho matrimonial y no por una causa o un propósito político colectivo.

Entonces, volviendo a los elementos con los que no actúa la prensa ecuatoriana digamos lo siguiente:

Primero: la denunciante, Pamela Martínez, habló de un cuaderno guardado detrás de una chimenea por algunos años, donde se habría registrado el pago de aportes ilegales a la campaña de Alianza PAIS, pero ahora ella confiesa que lo escribió en “un impulso” durante un vuelo, entre Quito y Guayaquil -que no dura más de 40 minutos- en el año 2018, cuando ya Correa estaba fuera del poder y ella gozaba de una fortuna oscura. Y con eso ya está dicho todo lo que un proceso judicial, con sentencia mediática anticipada, necesitaba para condenar a Correa. La prensa acumula supuestas pruebas que son recogidas de inmediato por la Fiscalía y desde ahí ésta condena a los supuestos autores del delito. Tan descarada es la acción de ese ente judicial que reproduce párrafos enteros de las publicaciones de ciertos periódicos y portales de la derecha más recalcitrante. ¿Desde cuándo un fiscal reproduce como su argumento párrafos de la prensa? ¿Un juez considera los artículos de opinión actos procesales y pruebas penales?

Segundo: como ya calificaron de “prueba madre” al cuaderno de Pamela, no hay duda, se da por hecho y no genera sospecha. ¿Dónde ha quedado esa máxima de todo periodista y de todo medio de dudar del poder si te filtra documentos o versiones para configurar una hipótesis o una supuesta revelación? Si hubiese un poco de responsabilidad y ética, se podría verificar o, al menos, contrastar si corresponde con los gastos de campaña electoral de las elecciones de 2013 y 2017 (que de paso la última fue a favor de Lenín Moreno, no de Correa).

Bien harían los periodistas ecuatorianos en leer el libro El Director, del ex director del diario El Mundo, de España, David Jiménez, para entender los límites de las filtraciones y las “visitas” de ciertos poderosos a las redacciones o invitando a los periodistas a sus palacetes.

En cualquiera de los casos, el comportamiento de la prensa con respecto a este tema la revela en su real condición: una actoría política a favor de una sola postura y en complicidad con el gobierno actual. Claro, el sonado caso (en redes) INAPapers, donde se mencionan supuestos actos de corrupción del entorno del presidente Moreno, no ha tenido la misma atención, repercusión y amplificación del señalado en contra de Correa. Por supuesto, hay un silenciamiento que deja por fuera la investigación, la consulta a las autoridades y mucho menos para estigmatizar a los señalados en un sinnúmero de correos, fotografías y documentos de contratos, aportes, depósitos y algunas transferencias. Los magnates señalados en los INAPapers no están presos, mucho menos sindicados y jamás entrevistados o perseguidos por las cámaras.

Esto que hacen con Correa y su entorno, obviamente, es una venganza de la prensa privada y comercial por el modo en que fue tratada por él en sus diez años de gobierno: sin concesiones, con ácida y puntual crítica, en franca disputa por los sentidos de la política y por la creación y aplicación de la Ley Orgánica de Comunicación. Si Correa habría hecho lo que ahora hace Moreno e hicieron todos los mandatarios antes de él, otro sería el comportamiento. Si hubiese “regalado” la pauta oficial a los grandes grupos mediáticos, los contratos de impresión, eventos, publicidad y otros más, no solo habrían sido sumisos, sino condescendientes con las supuestas irregularidades que denuncian tras su salida del poder. Hoy se sabe a qué empresas y agencias van a parar los contratos de publicidad, los cargos para los hijos de los empresarios de comunicación en ministerios y embajadas y también la reforma a la Ley de Comunicación, con los votos de la derecha y de los oficialistas, que acabó con la Superintendencia de Comunicación y con ello la libertad de injuriar, denunciar sin pruebas y desaparecer el linchamiento mediático como figura legal.

Si durante diez años hubo un acoso permanente de la prensa contra todo lo que oliera a correísmo, en estos dos años y pico de gobierno de Moreno, los medios privados, comerciales y públicos son el parlante del poder político y también del económico, financiero y de una hegemonía militar mundial.

Por tanto, los “cuadernos de Pamela” son solo una de esas argucias de una prensa mediocre y bastarda que goza del escarnio, pero como ocurre en Argentina con los cuadernos del chofer Oscar Centeno, pronto se conocerá hasta donde el rol de la prensa quedará por debajo de la voluntad popular y en el lugar correcto de la historia, como ya ocurrió en la mayor crisis financiera del Ecuador en 1999.

Por supuesto, todo esto tiene un objetivo político del cual es parte la prensa: eliminar de la papeleta a Rafael Correa, dejar el camino expedito a la derecha oligárquica representada por Jaime Nebot, Guillermo Lasso y de paso perdonar de cualquier culpa a Moreno. Y lo saben porque hoy las encuestas dan a Correa como ganador de la primera vuelta para reemplazar a Moreno.