Rescatistas trabajan a destajo en México

Cuartoscuro

Pasaron cuatro días desde que México tembló y sufrió el sismo de magnitud 7,1 que afectó la Ciudad de México, Puebla y Morelos, fundamentalmente.

Luis Felipe Puente, coordinador nacional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, reportó que suman ya 286 los muertos, repartidos: 148 en la Ciudad de México, 73 en Morelos, 45 en Puebla, 13 en el Estado de México, 6 en Guerrero y 1 en Oaxaca.

Si bien se han desplazado a policías federales y efectivos de las diversas fuerzas militares a las zonas de desastre, el desorden y desconcierto son importantes. Los voluntarios son los que están llevando adelante una buena parte de los salvatajes e incluso se enfrentan a las fuerzas estatales que muchas veces pretenden utilizar maquinarias pesadas, antes de que se pueda descartar que no hay sobrevivientes entre los escombros.

El trabajo sigue sin descanso y el jefe del Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, indicó que se han rescatado al menos unas 69 personas.

Mancera también informó que 3.848 personas han solicitado la inspección de sus inmuebles por las cuadrillas de la Secretaría de Protección Civil y hasta ayer ya se habían revisado casi 2.300 edificios. Solo 9 de los 329 mercados que tiene la ciudad, permanecerán cerrados a la espera de evaluaciones más profundas de daños.

Una situación embarazosa se vivió cuando se buscó a una niña supuestamente atrapada entre los escombros de una escuela, durante horas, con una transmisión permanente de los medios de comunicación y resultó tratarse de una falsa alarma o de una estrategia de rating, todavía no podemos descartar nada.

El gobernador de Puebla, Antonio Gali Fayad informó que en su ciudad hay más de 10 mil edificios afectados por el sismo, incluidos unos 1.500 que se vinieron literalmente abajo.

Si bien han llegado algunos equipos de rescatistas de Estados Unidos y de Japón, el gobierno mexicano se ha mostrado bastante reticente a la llegada de especialistas extranjeros a trabajar en el territorio. Algunas organizaciones señalan que no quieren dejar que se analicen las razones por las cuales la devastación fue tan tremenda, que explican en la mala calidad de las construcciones desarrolladas por el Estado en los últimos años.

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