Allanamientos venenosos en Argentina

El allanamiento en el domicilio de la expresidenta
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El allanamiento en el domicilio de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner ha tenido un desenlace bastante novelesco. El abogado de Fernández, fue desalojado de la vivienda para que los enviados por el juzgado de Claudio Bonadío pudieran trabajar en soledad dentro del departamento de la Ciudad de Buenos Aires, contraviniendo las leyes argentinas.

Pero lo insólito es que el día posterior al allanamiento, la mujer que se ocupa de las tareas domésticas de la casa, vino con dos personas más para poder ordenar todo el desorden y descalabro dejado por los empleados judiciales.

Las tres personas debieron ser atendidas de urgencias en un hospital cercano por haber entrado en contacto con un potente tóxico. Los médicos del Hospital de Clínicas aseguraron que se trataba de algún tipo de veneno y frente a la incredulidad que generó el hecho, el centro hospitalario difundió los partes de la guardia, donde se expresa claramente el diagnóstico.

El jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia, replicó: “No se usó ningún tipo de químico, no se dejaron tóxicos bajo ningún punto de vista”. Y agregó algo imprevisto “tampoco dejamos micrófonos”. El abogado Alberto Beraldi solo había denunciado la presencia de ese agente tóxico en la casa y nadie había hablado de que se hubieran instalado micrófonos.

Los allanamientos respondieron a la causa mediática de “las fotocopias de los cuadernos”, en los que se supone están asentados los movimientos del chofer Oscar Centeno, donde se explicarían encuentros y reuniones de funcionarios con empresarios en los que se intercambiarían favores por dinero. Si bien las fotocopias no son ninguna prueba concluyente, las detenciones arbitrarias de empresarios, dio como resultado que varios de ellos improvisen declaraciones denunciando de corrupción a los gobiernos anteriores. Entre los empresarios “arrepentidos” figuran los directivos de las empresas de Mauricio Macri y su propio primo hermano, Ángelo Calcaterra.

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